A sus 27 años, J.K. era portero de una discoteca y estaba felizmente casado… hasta que empezó a agredir sexualmente a
su esposa por las noches, cuando dormían. A la mañana siguiente ella le
recriminaba su conducta, pero J.K. no recordaba nada. Pensaba que era
broma. Sin embargo, tras varios días repitiéndose la escena, y para no
perder a su pareja, accedió a ir a un centro del sueño y allí
demostraron que el joven se excitaba mientras dormía y que, efectivamente, mantenía relaciones sin darse cuenta.
Algo parecido le ocurrió a la periodista
A.K., de 38 años, que pidió ayuda a un profesional después de que su
marido, al que había dado el ‘sí quiero’ dos meses antes, le dijera que
por las noches se masturbaba y gemía tanto que le despertaba. Ambos
casos, recogidos por la revista ‘The Canadian Journal of Psychiatry’,
dieron visibilidad a un trastorno del sueño, hasta entonces silenciado,
que se bautizó como sexsomnia.
Aunque ha tardado mucho tiempo en ser reconocido como enfermedad
-y aún hay debate sobre el tema- lo cierto es que el comportamiento
sexual en las horas de sueño está recogido en la literatura científica
de principios del siglo XIX. Pero no fue hasta 1996 cuando el doctor
Shapiro, junto a Fedoroff y Trjanovic, de la Universidad de Toronto
(Canadá), lo propuso como un nuevo tipo de parasomnia -denominación que
engloba diversos episodios de despertar, sin que se interrumpa el ciclo
del sueño-.
Pertenece a la misma familia que el sonambulismo, pero en este caso se trata
“de una persona que está dormida, en un estado de excitación sexual de intensidad variable y desarrolla conductas (masturbación, coito, lenguaje obsceno…) de las que no es consciente y no son voluntariamente deseadas”,
explica Eduardo Martínez Vila, director del Departamento de Neurología de la Clínica Universidad de Navarra.
“La primera reacción del afectado cuando conoce su conducta es la negación y la incredulidad. También a las parejas de cama les cuesta creer que alguien dormido pueda tener involuntariamente estas actitudes sexuales, pero es así, no nos damos cuenta”, reconoce una paciente con sexsomnia que prefiere permanecer en el anonimato. “
Yo perdí a mi novio, no por culpa del
problema, sino por culpa de su desconfianza hacia mí, de llamarme
mentirosa día tras día y discutir siempre por lo mismo. No se llegó a
creer que tenía una enfermedad”, recuerda.
Este trastorno ha cobrado interés
recientemente por la polémica generada en Mons, Bélgica, después de que
un tribunal haya absuelto a un hombre de 30 años que violó a su hija
porque, según la sentencia, estaba dormido en el momento de los hechos.
Lo cierto es que la sexsomnia ya ha servido de atenuante en varios
juicios por violación y abusos sexuales. (Más en Informe 21)


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